4.657

CRÍTICA: “The glassworker” (El artista del cristal)

Share
Título original: The Glassworker
País: Paquistán
Año: 2024
Director: Usman Riaz
Estudio: Mano Animation Studios
Estreno: 22 de noviembre, 2024
Edad: +13

¿Cómo hablar del arte más allá desde un nuevo planteamiento? Hay múltiples disciplinas que abordan en sus múltiples formas el cómo encontrar el arte en otros formatos e integrarlo en la sociedad como algo interesante y de valía para su estudio.

Usman Riaz llegó a finalizar su proyecto más codiciado, y por el que será reconocido como “el primer director de una película de animación 2D paquistaní”. Y todo gracias a esta pequeña palabra que, entre sus márgenes de escritura, abarca sin embargos un mundo inconmensurable de variaciones e interpretaciones de la unión entre el pensamiento y el sentimiento humano, más allá de las fronteras oceánicas o del espacio.

Sólo el arte puede abrir una conversación sobre el abstracto de las emociones que determinan lo que somos como especie. 

Así pues, Riaz abre la veda a un poco visibilizado pero muy imaginativo y delicado mundo del arte de hacer cristal. Y aunque muchos conocen esta antigua y reputada disciplina por los cristaleros del véneto, The Glassworker se desarrollará en una pequeña ciudad costera, ficticia, pero inspirada en poblaciones cerca del mar de Paquistán. Colocando a sus protagonistas en un contexto bélico, que emula a una época post 11S vivida por el director en un Paquistán sesgado y conflictivo.

En este escenario viven Vincent y Alliz, los protagonistas de un clásico muy shakespeariano a los Romeo y Julieta en el que uno pertenece al mundo del arte material de hacer cristal, y la otra a una familia militar y con un talento asombroso para la música, y en especial el violín. Ambos separados también por las opuestas ideologías con respecto a la violencia y al propósito de la guerra que defienden sus respectivos padres.

Fotograma de The Glassworker (Usman Riaz, 2024) proporcionado por el Festival de Cine de Valladolid, SEMINCI.

Sin embargo, ambos encuentran en el otro, un compañero al que mostrar sus talentos y el significado de los que representa el arte y qué hacer con ello.

En una línea cronológica, ambos niños se convierten poco a poco en adultos en los que crecen, no sólo los sentimientos por el otro, si no sus aspiraciones futuras. Pero no todo es tan fácil cuando dos artistas se encuentran rodeados de belicismo.

Sumamos a esto, un personaje sobrenatural del fuego, que deja entrever un realismo mágico que se asoma entre las grietas de esta realidad tan cruda que se presenta al espectador.

Riaz aprovecha lo aprendido en Ghibli y desarrolla esta oda antibélica al amor por el arte, ya que, en lo personal, Usman es un músico consolidado en su país, pero que siempre había deseado crear una película de animación. Frustrado por la carencia de oportunidades, dedicó mayor parte de su tiempo a la música, mientras aprendía de forma autodidacta a animar. No fue hasta que el proyecto llegó a oídos de Geoffrey WexlerGhibli y Manuel Cristóbal, quienes apoyaron en su producción y desarrollo.

Y es evidente la inspiración en estilo anime del estudio japonés. No sólo por su similitud con el diseño de personajes y la ambientación, si no por un estilo de música (compuesta por el propio Riaz) similar. Con un sonido clásico e interesante que combina con la historia de forma genuina.

A pesar de sus pequeños altibajos en su animación algo trompicada, lo cierto es que los resultados son asombrosos. La calidad expuesta en el largometraje es digna de rivalizar con grandes producciones con más presupuesto, experiencia y mano de obra. 

El uso de elipsis temporales a través de giros de cámara y cambio de estaciones, emulando a la tan conocida escena de Notting Hill (Roger Michell,1999), el uso de la luz y el marco con desenfoque gaussiano para diferenciar los diferentes espacios temporales, hacen es este, un largometraje muy bien construido y pensado desde su dirección.

Fotograma de The Glassworker (Usman Riaz, 2024) proporcionado por el Festival de Cine de Valladolid, SEMINCI.

Es una película que finaliza con un canto al amor por el arte en sus múltiples formas. Capaz de unir a dos personas tan distintas pero que los iguala en la pasión por el descubrimiento de su expresión artística. Una metáfora a través del elemento del cristal sobre la fragilidad de la vida, y que homenajea al cine y a la música desde todas las esquinas de sus planos y notas de su partitura.

Calificación Animatic

Calificación: 4 estrellas

Tráiler